Tuesday, November 14, 2006

La Sumisión (fragmento)



Me ha dicho aún eres una mujer sumisa. No he querido responder, no puede ser de otro modo. Jamás digo nada que no esté de acuerdo con quien me escucha, sólo me place ser complaciente, adoro ver su caras de hambrientos dichosos al ver que alguien está completamente dispuesto a hacer lo que se le ordene. Me ha dicho aún eres una mujer sumisa. No he querido responder, no puede ser de otro modo. Jamás digo nada que no esté de acuerdo con quien me escucha, sólo me place ser complaciente, adoro ver su caras de hambrientos dichosos al ver que alguien está completamente dispuesto a hacer lo que se le ordene.
¿Entonces qué es aquello que intentas complacer?
No puedo recordar, incluso cuando alguien intenta golpearme dejo que mi cuerpo se quede quieto y así el que me enfrenta se permite lo que quiera conmigo, me encanta sentir el placer del otro al verme sometida, he visto rostros deformados al golpear mis carnes, he soportado heridas de todo tipo, incluso punzantes sobre la piel, pero es tan generosa mi carne que crece allí donde otros han dejado el hueco vacío, crece hermosa y abundante, con más gracia y plenitud desde donde con más fuerza ha sido arrancada. He sido devorada por hombres que han padecido bajo la fuerza malévola de mi fecunda sumisión. Mi piel se regenera por la gracia de los dioses. En otros tiempos tuve que soportar gusanos que devoraron mi carne por completo, y como por arte de magia volví a aparecer intacta. He tenido que repetir la historia de mi cuerpo vida tras vida, para volver a albergarlos en esta tierra. Gracias a mi santa sumisión he traspasado la muerte quedando llena de gracia inmortal. He disfrutado a lo largo de mi extensa vida todo tipo de vejámenes. A medida que he tenido que sacrificarme a la perversidad de mis semejantes, me he sentido cada vez más cerca de un placer extático. Nunca hago nada que no esté de acuerdo con las ideas de los otros, frente a quienes intento aparecer como igual. He estado con asesinos, traidores, hombres de los más bajos sentimientos y siempre es lo mismo, se repiten en la maldad. Entonces, camuflada aparezco con más arrogancia, víctima de sus malas artes intento no contrariar a aquellos que perdidos de ideales arrastran su inapropiada existencia. Mi bondad aparece justa para todo tipo de pecadores, igualmente justificados. Bajo mis párpados me complace ver la miseria y tener la certeza de que no hay nadie más digno de la perversión que yo misma. Sólo así puedo atraer a mí, calma y belleza. Es que mi género tiene la difícil misión de ser portadora de asesinos. Habitualmente pienso en las angustias de mis desiguales y me complazco, soy una mártir de todo aquél que quiera hacerme suya. No tengo reparos ni hago distingos de razas, creencias, ni clases sociales, para mí da lo mismo cualquiera. Gustosa dejo caer mi cabeza cuando un hombre me atrapa por la espalda e intenta todo tipo de violencia para con mi cuerpo que se deja plácido saciar bajo su desgracia. Cuando alguien viene hasta mi casa a doblegarme, yo le hago sentir perfectamente cómodo y me entrego por completo, dejo que haga todo lo que se le ocurra a fin de satisfacer sus fantasías. Son todos a fin de cuentas repetidamente miserables y a través de mi martirio sé que estoy por sobre todos ellos. Eso forma parte de mi vasta complacencia. Mientras mayor es la miseria del hombre que me humilla, el placer me acerca a la locura. He estado encerrada muchas veces por culpa de las atrocidades de otros, pero a medida que el deterioro es evidente, crece mi fascinación. He tenido que doblegarme bajo cuerpos poseídos por todo tipo de enfermedades y con eso saber que en la agonía y el martirio existe un placer inextinguible. Nunca siento rabia frente a mis semejantes. Me encanta que venga cualquiera y yo tenga que dejar todo por satisfacerlo. Es por lo que mi morada siempre impecable deja sus puertas abiertas, para que aparezca uno y otro y la colme de sus inmundicias, después limpio cuidadosamente y vuelve a quedar todo reluciente. Siempre estoy sonriendo aunque a veces es difícil sonreír, pero me hace feliz saber que estaré dispuesta a que toda la basura del mundo venga a almacenarse para que dichosa limpie los pecados de los que insaciados merodean por encontrarme. Soy la única capaz de albergar todas las inmundicias. He visto hombres que dicen no atreverse y son los que mayor placer me han dado, porque detrás de su aparente timidez esconden las más insospechadas intenciones. Frente a ellos no parezco afectada para no incomodar sus máscaras de cerdos. También me encanta estar incluida en las bocas que vociferan desde palabras inmundas y que con ellas se me degrade, en el planeta de los opuestos, nada me complace más que ir hasta el fin. Me gusta que todo esté en orden y si puedo ayudar a que otros se sientan bien a costa de pequeños sacrificios, me complace. Entonces después cuando llega la noche hago un recuento de todo lo que he hecho durante el día por la humanidad y me lleno de regocijo.

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